[Noticia] [Info] Científicos encuentran más pruebas de la extinción de los dinosaurios


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    Noticia:

    Un proyecto científico internacional para la perforación oceánica, ha permitido encontrar nuevas pruebas y tener una imagen más clara de un acontecimiento relevante que cambió la historia de nuestro planeta: la extinción de los dinosaurios.

    Dirigido por el Consorcio Europeo para la Investigación Oceánica (ECORD), el proyecto tenía como misión la perforación del cráter de Chicxulub, situado debajo del Golfo de México y la Peníncula del Yucatán, donde hace 66 millones de años impactó un asteroide provocando un cataclismo global.

    El objeto medía unos 12 kilómetros de largo y entró en la atmósfera a una velocidad descomunal. Con una energía equivalente a 10.000 millones de bombas nucleares como la de Hiroshima, provocó un agujero de 100 kilómetros de ancho a través de 30 kilómetros de profundidad. Esta cuenca terminó derrumbándose dejando un cráter de 200 kilómetros de ancho y unos pocos kms de profundidad. Después de siglos de recuperaciones del terreno y desplomes, el la actualidad la mayor parte del cráter está enterrado en alta mar bajo 600 metros de sedimentos.

    Hace tiempo que se conoce que este evento provocó la extinción de los dinosaurios y la desaparición de al menos tres cuartas partes de las especies de plantas y animales que habitaban entonces el planeta, pero los resultados de este proyecto de perforación en el cráter de Chicxulub ha permitido a los científicos tener más claro cómo fue el impacto, lo que sucedió inmediatamente y en años-siglos posteriores.

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    Invierno global catastrófico

    El asesino de los dinosaurios impactó en el peor lugar posible, según la investigación que ha sido publicada en la revista Geophysical Research Letters. El asteroide se acercó a la superficie desde el noreste en un ángulo oblicuo de 60 grados en lo que entonces era un mar poco profundo. Su tamaño de 12 kilómetros de ancho y especialmente una velocidad increíble de 18 kilómetros por segundo vaporizó al instante miles de millones de toneladas de roca.

    Estos materiales incluyeron una gran cantidad de minerales con azufre tales como yeso y anhidrita, y carbonatos con dióxido de carbono. Los cálculos del equipo estiman que las cantidades expulsadas a enorme velocidad a la atmósfera superior incluyó 325 gigatoneladas de azufre y 425 gigatoneladas de dióxido de carbono.

    El CO2 provoca un efecto de calentamiento a largo plazo y se conoce que los incendios masivos en el planeta duraron muchos años, pero la liberación de tanto azufre, combinado con hollín y polvo, habrían tenido un efecto posterior de enfriamiento de consecuencias letales si es que algo quedaba por exterminar. Un modelo informático especializado en clima global de la Universidad de Potsdam, había realizado anteriormente una simulación con valores de azufre y CO2 bastante inferiores a los obtenidos en el proyecto, encontrando que la temperatura media global del aire se habría reducido en 26 grados, con 16 años seguidos en condiciones bajo cero.

    El modelo fue demasiado conservador porque las últimas investigaciones asignan valores de gases expulsados mucho más altos. La considerada quinta gran extinción masiva en nuestro planeta habría sido peor que lo que se pensaba y da pistas de lo que sucederá si un asteroide de ese tamaño vuelve a impactar en el planeta: pocas especies sobrevivirán, después de ser quemadas, gaseadas y finalmente congeladas.

    Afortunadamente, 66 millones de años después de la extinción de los dinosaurios hay mentes inteligentes poblando el planeta Tierra, conocimientos suficientes y detectores para prever el “baile” espacial que realizan los grandes asteroides. Los peores son los objetos que no tenemos controlados. Hay muestra de ellos a miles en cráters de impacto que pueden verse en todo el Sistema Solar. El más cercano fuera de la Tierra lo encontramos en Schrodinger de la Luna, un calco al cráter de Chicxulub:

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    Algunos astrónomos aseguran que sólo es cuestión de tiempo que uno de ellos ponga en la diana a la Tierra. Esperemos que para entonces sepamos la manera de neutralizarlos o hayamos adquirido la capacidad de movernos a “otra casa” en el gran Cosmos.

    Fuente: http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/2017GL074879/epdf





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