Clara Brown, de cómo una esclava llegó a prosperar


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    Clara Brown fue una mujer negra que nace en el año 1800 en Virginia como esclava, aunque pronto ella y su madre son vendidas para trabajar en una plantación de tabaco en Kentucky. Allí Clara se casa con 18 años y tiene cuatro hijos. Una de ellas, Paulina, muere a los ocho años ahogada.

    Cuando el dueño de la plantación muere en 1835, ella y toda su familia son vendidos en una subasta y enviados a diferentes lugares lejanos entre sí.

    A la edad de 56 años consigue su libertad solo porque así lo quiso su dueño en su testamento, y por una ley que establece Kentucky debe abandonar el estado. Así que se marcha a Colorado, el lejano Oeste, en una expedición de carromatos trabajando como cocinera.

    Después de haber trabajado como matrona y panadera, estableció una lavandería en Central City que vio su prosperidad gracias a la migración masiva de gente que vino con la fiebre del oro. Lo que ganó lo invirtió en tierras y minas y en varios años alcanzó a poseer diez mil dólares de la época, dieciséis terrenos, siete casas y algunas minas. Era conocida por su generosidad en su comunidad y la llamaban cariñosamente “Tía Clara”. Ayudó a los nativos americanos y a los inmigrantes europeos pobres a establecerse, también financió la primera iglesia católica y protestante del lugar.

    Cuando termina la Guerra Civil americana, su marido e hija Margaret habían muerto y su hijo estaba desaparecido. Decide vender sus propiedades e ir a buscar a la última, Eliza, a Kentucky. No consigue encontrarla pero ayuda a 16 familiares y otros que fueron esclavos a mudarse y establecerse en Colorado. También a establecer una comunidad agrícola de antiguos esclavos de Kansas.

    Con 82 años descubre que su hija se encuentra en Iowa y va a buscarla para reencontrarse con ella y su nieta. Muere en 1885 siendo reconocida y acudiendo a su funeral varios dignatarios de Colorado.

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    Info sacada de la wikipedia en inglés

    Una de esas historias no tan conocidas que descubres y te apetece compartir por los ovarios que tuvo esa señora, con tal vez un poco suerte, pero lo jodido que tiene que ser que te separen de tus hijos porque cada uno ha sido vendido a un dueño distinto, y que con 56 años consigue no solo rehacer su vida sino hacerse rica también. A mí al menos me va a tener pensando toda la semana.



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    Buena historia y buen ejemplo. A veces nos quejamos demasiado de que la vida se nos pone de espaldas y acabamos usándolo como excusa para no luchar.



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    Mis dies





Has perdido la conexión. Reconectando a Éxodo.