Pablo Iglesias también caga


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    Me invitan a la fiesta privada que ofrece la dirección de Podemos de después de su mitin en Fuentealbilla. Se celebra a puerta cerrada en un famoso puticlub en el que Cañita Brava cantará para la mugre allí reunida y un negro. Hay pocas caras que no me resulten familiares: Ferreras, el tonto de Iniesta, Salvador Raya, David Guapo. El líder de la coleta saluda con mucha educación a los presentes y comparte con ellos bromas e impresiones de su mitin. Nada más lejos de la imagen gélida y distante que se ha fabricado de él. Observo la escena a cierta distancia, agazapado junto a los servicios, un poco abrumado por el ambiente. Entonces Pablo comienza a caminar en mi dirección y me parece una buena oportunidad para intentar comerle la polla.

    —Ha sido un mitin increíble. Encantado de conocerte. Con lo de las paguitas he llorado.

    Él me aparta de un empujón y entra en el servicio de gente que está al corriente en la Seguridad Social. Me ruborizo automáticamente y me quedo petrificado. Tardo unos segundos en reaccionar y me doy cuenta de que no quiero estar allí cuando Pablo salga del baño. Camino hacia el otro extremo de la sala y me escondo detrás de la silla de ruedas de Echenique. Intento sobreponerme a la humillación apurando mi salmorejo pero no da resultado. Quiero marcharme de allí. A tomar por saco Pablo y su lefa en mi cara. Soy podemita pero tengo orgullo. Me dirijo hacia la salida y entonces alguien toca mi hombro. Me giro. Es Pablo.
    —Te estaba buscando —dice—. Quería pedirte disculpas por lo de antes.
    —No... no te preocupes —balbuceo.
    —Perdóname, por favor, pero es que no había caído en quien eras.
    —No... no pasa nada.
    —¿Tú sabes —dice agarrándome por los hombros y mirándome con los ojos muy abiertos—, tú sabes las ganas que tengo de que nos pagues la cuota?
    —Ya, es que,,,
    —Ni es que ni ostias. Si no pagas eres casta.
    —Ya...
    —¿Te has fijado en que durante la última media hora ya no había tantos aplausos?
    —Pues la verdad...
    —Es que digo: estoy hablando y dejándome la voz para una panda de gorrones que no dejan dinero ni para comprarle pañales al hijo de la Bescansa y he mandado a los guardias a recaudar y, claro, los muy hijoputas venían sin un chavo.
    —Claro...
    —Te juro que acabo la mitad de los mitines con unos 23 euros de recaudación. ¿Te lo puedes creer? La gente no sabe lo que es el comunismo, ostia. No da ni para pagarle el profe de gimnasia a Erreji.
    —Bueno...
    —No puedo más. Un día me pongo a atracar allí en medio del escenario como el Rey del Pollo Frito.
    Pablo inclina la cabeza, se muerde el labio inferior y me mira con expresión infantil.
    —Bueno. ¿Entonces me pagas?
    —Claro. No te preocupes, de verdad...
    —¿Me invitas a beber algo?
    —Faltaría más. ¿Qué quieres tomar?
    —Una fanta



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    Ficción, si no eres de la chupipandi no lo vas a ver ni de lejos, imaginate hablar




Has perdido la conexión. Reconectando a Éxodo.