si estas a regimen esto te interesa


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    http://dimetilsulfuro.es/2016/06/08/por-que-engordo-si-como-normal/

    El pasado 26 de mayo estuve en el evento Naukas dentro del Congreso Internacional de Autocontrol y Seguridad Alimentaria, KAUSAL 2016, en el que di una charla para adolescentes. Aproveché la ocasión para contarles algo muy personal, una preocupación con la que he cargado a lo largo de todas las etapas de mi vida. Sé que muchos adolescentes están pasando por lo mismo, así que decidí que aquella era la ocasión idónea para contarlo.

    No preparé ninguna diapositiva para contarles aquello. Iba a hablarles de un pedazo de mi historia durante unos minutos. Quería que me mirasen a los ojos, que entendiesen que los hábitos alimenticios no son una cuestión menor, sino que afectan a todos los días de nuestra vida.

    Empecé diciéndoles que iba a confesar algo por primera vez.

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    No recuerdo ninguna etapa de mi vida en la que no estuviese terriblemente preocupada por mi peso. Quizá pienses, viéndome, que soy una persona con un peso normal. Ahora imagíname con 15 kg menos.

    15 kg son muchos, e imaginándome quizá estés viendo a una persona indudablemente enferma, pero no era eso lo que sentía la gente que me veía. Lo sorprendente de aquellos tiempos es que me decían que estaba estupenda con ese aspecto, que la ropa me sentaba fenomenal, que estaba mejor que nunca. Yo también lo pensaba. Ropa que antes no me atrevía a vestir, ahora me hacía sentir seguridad. Todo parecía ir bien, a excepción de qué era lo que hacía para mantenerme así de delgada.

    Mis nociones sobre nutrición eran totalmente rudimentarias por aquel entonces, así que mis conjeturas se basaban en comer muy poco y sólo alimentos de pocas calorías y bajos en grasa. Comía muy poco, la verdad es que prácticamente no comía nada. También hacía mucho deporte, más del que debería. Mis paseos en bici pasaron a convertirse en una odiosa rutina basada en consumir calorías para mantenerme delgada.

    Pero estaba guapa. Todo el mundo lo decía.

    Y estaba enferma.

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    También me pasó lo opuesto. Imagíname con 15 kg más. 15 kg son muchos. Si me imaginas verás a una persona con un evidente sobrepeso. La realidad es que 15 kg más no resultan algo tan exagerado como pudiera parecer, sobre todo para una persona de mi altura (175 cm). Aunque no fuese exagerado, yo no me veía bien y quería adelgazar, no por salud, que por aquel entonces no era algo que me preocupase, sino por estética.

    Mi madre decidió llevarme al médico y, en la sanidad pública me derivaron a un endocrino. Recuerdo que el endocrino me midió, me pesó y me dijo «te sobran 10 kg», así que abrió su cajón y me dio una fotocopia con una dieta de nosecuántas kilocalorías diarias, con dos o tres opciones para cada una de las tres comidas diarias, que debía seguir hasta conseguir pesar 10 kg menos.

    Para adaptarme a esa dieta tenía que comer cosas diferentes al resto de mi familia y, la verdad es que también eran poco apetecibles. Todo tenía que estar cocido o crudo y tenía que pesar 25 g de pan para cada comida. Recuerdo que mi madre compró una pequeña báscula de cocina.

    Comer se convirtió en algo desagradable.

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    Conseguí llegar al peso que el endocrino me había sugerido, pero mi preocupación seguía ahí. ¿Y ahora qué hago? ¿Si como lo mismo que comía antes volveré a engordar? Nadie me había dado unas pautas y yo no sabía lo suficiente como para aventurarme a cambiar mis hábitos alimenticios.

    Yo comía normal. Es decir, comía lo que comía el resto de mi familia, ni más ni menos, pero ellos estaban delgados. No comía dulces, bollos, ni hamburguesas, ni comida rápida. No comía más, ni comía cosas que todo el mundo sabe que engordan. Seguí privándome de ese tipo de alimentos que tradicionalmente entendemos que engordan. Me fijaba en las calorías y sobre todo en la cantidad de grasa.

    Gracias a estudiar la carrera de Química pude comprender algunos aspectos del metabolismo que me sirvieron para inferir qué podía ser lo que me estaba pasando. Los químicos estudiamos bastante bioquímica y eso nos permite entender en qué se transforman los alimentos que ingerimos.

    El primer concepto que aprendí y que me sirvió como cimiento para entender qué era lo que fallaba en mis hábitos alimenticios fue el índice glucémico (IG).

    Hay una serie de alimentos que son ricos en hidratos de carbono, como por ejemplo el pan, la pasta, el arroz, en general todo aquello que se convierte en harinas o que se haga con harinas, y también el azúcar. Los hidratos de carbono de estos alimentos se acaban convirtiendo en glucosa. La glucosa pasa a la sangre y las células la captan gracias a la insulina, que actúa como llave de paso.

    Cuando comemos hidratos de carbono, lo primero que hace el organismo es almacenar la glucosa en forma de glucógeno, tanto en el músculo como en el hígado. Una vez que estas reservas están llenas, el exceso de glucosa se transforma en grasa en los adipocitos.

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    Hay alimentos que van liberando poco a poco esa glucosa en la sangre, de modo que las células van gestionando sin problema esa glucosa que les llega progresivamente. Los alimentos que liberan su glucosa así, poco a poco, se denominan alimentos de bajo índice glucémico. En general son alimentos que contienen fibra, como los integrales, o las frutas y las legumbres.

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    Hay alimentos que, por el contrario, liberan la glucosa en sangre de forma repentina, de modo que las células son incapaces de gestionar tanta glucosa en tan poco tiempo y se disparan los niveles de insulina. Los alimentos que liberan glucosa así, de golpe, son los alimentos de alto índice glucémico. Son alimentos hechos con harinas refinadas, que no contienen suficiente fibra y, sobre todo, alimentos con azúcar añadido.

    Esto provoca varias cosas: el exceso de glucosa que las células no gestionan adecuadamente es lo que se termina transformando en grasa y, además, después de una subida repentina de glucosa en sangre, sufriremos una bajada también repentina, lo que nos hace sentir hambre. Ésta es una de las principales causas del sobrepeso, de la obesidad y de la diabetes tipo II.

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    Lo primero que pensé es que yo apenas consumía azúcar. Quizá alguna vez había echado azúcar a infusiones, al café, o al yogur, pero nada más. Hasta que me di cuenta de que consumía más alimentos con azúcar de los que imaginaba.

    La mejor forma de saber qué contiene un alimento es revisar su etiqueta. En la etiqueta aparece la lista de ingredientes por orden de abundancia. Si el azúcar está de los primeros de la lista es que es un ingrediente mayoritario. La otra información que figura en la etiqueta es la información nutricional, donde aparece la cantidad de cada grupo alimenticio del alimento, y ahí suele estar desglosado cuántos hidratos de carbono son azúcar.

    info nutricional

    Algunos alimentos que no parecen especialmente dulces contienen una cantidad de azúcar insospechada. Por ejemplo, unas galletas normales contienen una media de 25 g de azúcar cada 100 g de galletas (3-5 galletas). 25 g de azúcar son 5 sobres de azúcar. Ingerimos del orden de cinco sobres de azúcar cada vez que tomamos de 3 a 5 galletas normales.

    azúcar añadido

    Los cereales de desayuno también contienen azúcar, los refrescos contienen muchísimo azúcar, entre 25 g y 75 g por lata. Hasta las salsas contienen azúcar, los zumos, algunos embutidos…

    Lo que más azúcar contiene es lo que tradicionalmente se entiende como «alimentos para el desayuno».

    Empecé a entender que mi dieta normal en realidad era una dieta cargada de azúcar y que esa era la principal razón por la que engordaba y por la que, a las pocas horas de haber comido, volvía a tener hambre.

    Mi dieta normal era la misma que la de la mayoría de la gente. Desayunaba «cereales de desayuno», o galletas, leche con cacao… Para comer podía tomar bistec con patatas y pan, a veces pan blanco y otras, pan de molde -que suele contener azúcar añadido además de harina refinada-, o pasta, o pescado con patatas… Y para cenar normalmente un bocadillo o un sándwich. No parece nada descabellado, salvo porque en todas las comidas estaba tomando un exceso de hidratos de carbono, muy por encima del resto de grupos alimenticios y, sobre todo, de azúcares añadidos. Había azúcares añadidos en todo lo que tomaba en el desayuno, en el pan de la comida y de la cena…

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    Es muy complicado cambiar los hábitos que atañen a lo que hacemos por tradición. Por ejemplo, lo tradicional es desayunar lo que se supone que es para desayunar.

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    A lo largo de los años he ido cambiando mis hábitos alimenticios y me he ido acostumbrando a ellos. Lo primero es no sentir que «estoy a dieta». Entender que una dieta es una forma de comer para perder peso, durante unas semanas o meses, es un error. Lo ideal es aprender a comer y que los hábitos alimenticios saludables formen parte de nuestro día a día. Es algo complicado de conseguir.

    Ahora pienso que quizá yo no habría tenido estos problemas si en la sanidad pública hubiese dietistas-nutricionistas que pudiesen explicarme qué estaba haciendo mal y cómo ir mejorando mis hábitos. Pienso que habría sido de gran ayuda que en el colegio me hubiesen enseñado a comer, incluso a leer las etiquetas de los alimentos, a conocer los grupos alimenticios… Nada de aquello se hacía entonces, y casi nada de eso se hace ahora. Seguimos sin tener dietistas-nutricionistas en la sanidad pública, y la formación que reciben los niños y adolescentes en la actualidad es insuficiente.

    La cultura científica es siempre importante, y en lo que concierne a los hábitos alimenticios y, por tanto, a nuestra salud, es indispensable.



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    Ni con tus ojos, pero para el que no se hubiese fijado antes, que mire cuánto azúcar lleva la salsa de tomate :elrisas:



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    nos matan poco a poco



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    @Yung-Beef dijo:

    nos matan poco a poco

    Tu deberías de tomar nota, puto gordo.



  • 4

    tranquilos veganos y vigorexicos, siempre podeis comer hierbas y avena



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    @abcdefg.20 dijo:

    Tu deberías de tomar nota, puto gordo.

    voy to flexy cabron



  • 6

    eres una tia?



  • 7

    @SudoSu CLARO QUE TE PENSABAS QUE UN HOMBRE PODRIA SER TAN INTELIGENTE????????
    JAJAJAJAJAJA



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    @lenypower dijo:

    @SudoSu CLARO QUE TE PENSABAS QUE UN HOMBRE PODRIA SER TAN INTELIGENTE????????
    JAJAJAJAJAJA

    yo lo soy



  • 9

    JAJAJAJAJA



  • 10

    @SudoSu dijo:

    yo lo soy

    No eres una tia??



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    Se confirma que sólo me gusta comer lo más nocivo de la tabla :facepalm:



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    El título esta mal: siempre estamos a dieta, la dieta es la ingestión regular de alimentos, es decir, oo que comemos. A lo que tú te refieres es al régimen.




Has perdido la conexión. Reconectando a Éxodo.