Cosmonauts: una exposición sobre el programa espacial soviético


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    Se suele hablar de Konstantín Tsiolkovski como uno de los padres de la cosmonáutica ya que es, entre otras cosas, el autor de la ecuación del cohete que rige el funcionamiento de estos.
    Pero más que la ecuación del cohete son sus dibujos sobre cohetes, naves espaciales, y la vida en el espacio, hechos todos mucho antes de que tuviéramos la tecnología para hacerlos realidad, los que hacen comprender lo claro que tenía este hombre de lo que hablaba.


    (Esclusa de una nave espacial por Tsiolkovski ca. 1930)

    Y si Tsiolkovski es uno de los padres de la cosmonáutica, Sergei Kroloiev es sin duda el padre del programa espacial soviético, la persona que no solo con su enorme habilidad como ingeniero sino también como gestor de equipos de trabajo es responsable de muchos –si no todos– de los primeros grandes éxitos de este.


    (Partida de nacimiento» del programa espacial soviético)

    Por eso la exposición Cosmonauts: Birth of the Space Age del Science Museum de Londres comienza más que merecidamente con una sala dedicada a Tsiolkovski y Korolev, para pasar luego a otra dedicada a sus primeras misiones no tripuladas en la que se pueden ver la copia de ingeniería del Sputnik 1 y el Sputnkik 3, que tenía que haber sido el 1 de no ser por las prisas en lanzar algo; copias de ingeniería y modelos de sondas lunares, de sondas enviadas a Venus…
    Todo ello sirve para ir abriendo boca hasta llegar al espacio dedicado a las primeras misiones tripuladas; no en vano la URSS fue la primera en colocar a un hombre en el espacio, a una mujer, en realizar un lanzamiento con una tripulación múltiple, o en realizar el primer paseo espacial.
    Poder ver la Vostok 6 en la que viajó Valentina Tereshkova o la Voskhod 1 en la que Vladimir Komarov, Boris Yegorov y Konstantin Feoktistov se metieron –en una especie de tetris humano– es una oportunidad impresionante…


    (Interior de la Voskhod 1)

    También andan por allí uno de los uniformes de Yuri Gagarin y el mono refrigerante que Valentina Tereshkova llevaba debajo de su mono de vuelo durante la misión, por citar otros dos elementos de esta impresionante exposición.
    Pero todo eso casi palidece ante la presencia de las copias de ingeniería de un mólulo lunar LK–3 y de un rover lunar Lunojod, dos piezas fundamentales del programa lunar soviético.


    (Módulo lunar LK-3 en el Science Museum)

    Los Lunojod tuvieron durante mucho tiempo el récord de distancia recorrida en otro astro y fueron un gran éxito; el LK–3, sin embargo, nunca llegó a llevar un cosmonauta a la Luna, ya que la URSS perdió la carrera espacial contra los Estados Unidos. Pero ver cómo de avanzado estaba en su diseño permite comprobar que en realidad el resultado de la carrera fue muy estrecho, y es inevitable preguntarse como se habría escrito la historia de la carrera espacial si Koroliev no hubiera muerto prematuramente, dejando huérfano, a todos los efectos, al programa espacial soviético.
    Terminada la carrera espacial vino la era de empezar a colaborar en el espacio, primero con los Estados Unidos en el Programa Soyuz-Apolo, después con el Shuttle-Mir, y más tarde en la Estación Espacial Internacional, y justo a estos dos últimos programas está dedicada la penúltima sala de la exposición, con cápsulas, trajes, y utensilios de todo tipo, incluyendo comida de astronauta, camas, una ducha, y un retrete espacial.


    (Traje espacial Orlan M y la Soyuz TM–14)


    (Retrete espacial)


    (Postales y matrioshkas)

    Esta variedad de materiales hace que sea una exposición no sólo interesante y recomendable para espaciotrastornados sino también para cualquier otro tipo de persona; es una exposición por la que sin duda merece la pena plantearse un viaje a Londres y para la que hay que reservar varias horas para verla en condiciones.

    "La Tierra es la cuna de la humanidad, pero no se puede estar para siempre en la cuna." –Konstantín Tsiolkovski

    Microsiervos



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    El tal Tsiolkovski ese era un máquina. 30 años antes ya había diseñado cómo sería una esclusa de una sonda/nave espacial.

    P.D.: Las matrioshkas me encantan. Tengo en mi casa de (otra ciudad diferente a la que vivo) siete juegos diferentes de matrioshkas, todas originales rusas. Uno de los juegos tiene 24 muñecas, la más pequeña es poco más grande que una lenteja y la mayor puede tener el tamaño de un balón de balonmano.




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