Navaja suiza Wenger de Amazon - opiniones


  • 0


  • 1

    Eso cabe en un bolsillo?



  • 2

    Ya lo vi, y parece que la trolleada sigue y sigue, leyendo los comentarios te partes la caja.



  • 3

    :roto2:



  • 4

    @RoCks dijo:

    Eso cabe en un bolsillo?

    puede que si, pero supongo que debes de llevar un generador portatil y una antena wifi como accesorios, sino no pilla señal :sisi:



  • 5

    @Cianuro Joder. A ver si alguien de aquí la tiene y me puede echar una mano. Tenía el modelo anterior y entraba casi a lo justo pero entraba, no sé si llego a explicarme. La verdad es que es muy útil porque nunca sabes cuando te va a hacer falta una 1/2 sierra de punta blanda.



  • 6

    @abcdefg.20 dijo:

    :roto2:

    Creo que incluye pijama de rayas para la cárcel también :qmeparto: y un kit de escape "PrisonBreak 2.0" :qmeparto: :roto2:



  • 7

    Otro; Las escaleras y el andamio que incorporan deberían ser un poco más consistentes. Echo de menos una hormigonera, pero con la función de amasado gracias al motor hidráulico que incorpora hacen que la masa sea compacta. El detalle de llevar cuatro cubos, 25 pinceles y 4 rodillos la hacen una navaja estupenda para pintar cualquier castillo. Mañana mismo me pongo a esculpir una escultura con sus martillo y cinceles.



  • 8

    Otro :facepalm:

    :qmeparto:

    La compré para un regalo de un familiar aficionado al bricolaje. Pensé que acertaría con el regalo, puesto que por la descripción parecía tener multitud de usos para el trabajo y la vida cotidiana.

    Cual es mi sorpresa cuando al día siguiente de haberla regalado aparece en mi felpudo, mojada por la lluvia. Pude seguir su rastro ya que gracias a las patas de perro en la ranura [1302] dejó huellas de toda su travesía. Efectivamente, había vuelto a mis brazos y no pude negarme a acogerla en mi seno familiar. Le agarré de la mano [210] y la acompañé a su nuevo cuarto.

    Todo perfecto con ella durante la primera semana: era muy obediente, no dejaba casi pelo (y el poco que dejaba, lo aspiraba [542]), preparaba unos batidos de frutas cojonudos [1102] y además sintonizaba todos los canales que le pedía [1224].

    Además... No quiero entrar en detalles íntimos, pero gracias a la ranura [469] mi vida sexual con mi mujer volvió de vuelta a los niveles de novios adolescentes. No voy a decir la función concreta para no estropearles la sorpresa a los más atrevidos ;)

    No obstante, nada dura para siempre...

    Todo empezó a torcerse a partir de la primera semana. Mis hijos suelen despertarse solos para ir al colegio (antes tenían una alarma, pero desde que está la navaja en casa ya no hace falta [371]), no obstante, ese día no se despertaron. Tras llamar varias veces a la puerta no obtuve respuesta alguna. Me extrañó, así que decidí entrar a despertarles pero, para mi sorpresa, mis hijos no estaban.

    El cuarto estaba totalmente ordenado: las camas hechas, la ropa de la colada del día anterior guardada en el armario, los zapatos en su sitio... Pero ni rastro de mis hijos. Ni de la navaja. Bajé extrañado a la cocina y allí estaba mi mujer.

    -No te preocupes, cariño. Los peques se han adelantado un poco esta mañana y se han ido ya a clase. ¡Hasta nos han preparado un batido! ¡Están irreconocibl- !

    No tuve tiempo de responderle: le cayó un objeto brillante de la boca. Ella lo cogió rápidamente en el aire y se lo volvió a meter en la boca.

    -Vaya, ¡tengo que ir al dentista!
    -Espera, ¿qué ha sido eso?
    -Nada, debe de haber sido algún diente flojo, ya sabes que tengo una endodoncia...

    Los dientes no brillan tanto como eso. Estaba totalmente seguro. Además, me seguía inquietando la desaparición de la navaja.

    Extrañado, cogí mis cosas y me dispuse a partir, como todas las mañanas, a mi trabajo. No obstante, cuando cerré la puerta de mi casa noté un sonido extraño: era como si algo metálico se estuviese arrastrando y encajando a través de la puerta. Estaba seguro que no era por la llave, ya que mi puerta necesita tres giros de llave para cerrarse.

    -Debo haber dormido poco...

    No le di más importancia.

    Craso error.

    Sin haber vuelto a pensar en ello, volví del trabajo. Suelo llegar tarde, a la hora de cenar, por lo que mi mujer e hijos suelen estar esperándome con la cena casi hecha.

    Allí estaban... Pero todo era muy extraño: Estaban sentados cada uno en su silla, totalmente quietos. A veces hablaban, pero sus movimientos eran... Mecánicos es la única palabra que se acerca a la sensación que me produjeron.

    -Cariño, ya está la cena.

    Casi como si me estuviesen leyendo el pensamiento, esas monótonas palabras me expulsaron de mi momentánea preocupación.

    -"Sí -pensé-, mejor cenar y acostarse".

    Me senté a cenar y mi familia seguía igual: No hablaban, sólo comían. Les miraba a los ojos y no encontraba en ellos ánimo o brillo alguno. Además, juraría que nadie hacía tanto ruido masticando en esta casa.

    Hasta que lo escuché. En el momento en el que mi hijo mayor se levantó para dejar los platos en la pila, algo metálico salió despedido de él y rebotó contra el suelo. Pude ver el mismo brillo que en el "diente" de mi mujer. Me levanté de un salto y me abalancé sobre el objeto. Pude cogerlo y sentir algo frío en mis manos, pero en ese mismo instante noté cómo unas manos se agarraban a mis pies: Mi hijo menor estaba tirando de mí mientras que mi mujer se aproximaba.

    Algo estaba sucediendo, definitivamente. Abrí rápidamente la mano y pude verlo: era una cabeza de destornillador. Una pequeña, como las que se encuentran en los destornilladores multiusos con imanes que se pueden desmontar.

    Se dieron cuenta de que lo había visto. En ese momento noté un enorme golpe en el suelo, seguido de un número incontable de sonidos metálicos. La cabeza de mi mujer empezó a girar en ángulos que ningún humano podría hacer sin que ello ocasionase la muerte. Cada vez que giraba una cantidad concreta de grados, podían escucharse sonidos metálicos, como piezas de metal encajadas que se frotaban unas contra otras.

    Mi hijo mayor soltó los platos y me miró fijamente. Pude ver con el rabillo del ojo cómo los fragmentos de plato se volvían pequeñas piezas de metal mientras que mi hijo, al cual no podía dejar de mirar a los ojos, dejaba caer multitud de piezas de metal de su boca. Una cascada de piezas que caían al suelo causando un chisporroteo metálico, como si de un diluvio férrico se tratase.

    Mi hijo menor, que por algún motivo había soltado mis pies, empezó a gritar llevándose las manos a la cabeza y mirando fijamente al techo. Entonces lo ví: El techo era de color rojo. No era sangre, sino que estaba pintado de color rojo. Mi techo nunca ha sido rojo.

    Cuando volví a bajar la vista, ni mi mujer ni mis hijos estaban ya conmigo: lo que antes era mi familia no eran más que infinidad de tornillos, tuercas y demás piezas de metal distribuidas de tal forma que formaban una figura humana. Los muebles de mi cocina no eran más que masas brillantes de metal, fundidas y pegadas unas a otras de tal modo que conseguían asemejarse a lo que una vez fueron.

    Sin pensarlo, salí corriendo de la que era mi cocina y subí corriendo las escaleras hasta mi cuarto. Mientras subía cada escalón podía escuchar como un tsunami metálico se abalanzaba sobre mí. Echando la vista atrás pude ver como mis muebles, mis cuadros, incluso las paredes de mi casa no eran más que metal. Piezas metálicas dispuestas a engullirme.

    Conseguí entrar en mi cuarto; en el momento en el que cerré la puerta, todo pareció cesar. Volví a abrir la puerta y todo parecía volver a la normalidad. Sin poder preverlo, vomité. Caí de rodillas y vomité todo lo que había comido ese día. Esto era demasiado extraño como para intentar comprenderlo. Entonces, como si de una bofetada se tratase, me vino a la mente: no había vuelto a ver a la navaja.

    Abrí la puerta y, pese a pisar temeroso el suelo del pasillo, me puse rumbo al cuarto de mis hijos. Mi casa había vuelto a la normalidad, pero las luces estaban apagadas y no parecía haber rastro de mi familia.

    Allí estaba, encima de la mesa donde hacen los deberes. Me extrañó ver que el conversor de materia [9999] era la única ranura visible.

    La cogí con la mano derecha, pero en ese momento me percaté de mi error: un dolor punzante me hizo gritar de dolor. Me miré la mano y pude ver cómo la tuerca que cogí en la cocina se había fusionado con mi carne. Podía ver cómo estaba hundida, formando parte de mi ser. ¿Cómo pudo ser? No sentí nada en la cocina.



  • 9

    @tomapiruleta dijo:

    Creo que incluye pijama de rayas para la cárcel también :qmeparto: y un kit de escape "PrisonBreak 2.0" :qmeparto: :roto2:

    No mencionas nada sobre el kit de pegaorejas ?



  • 10

    @abcdefg.20 dijo:

    No mencionas nada sobre el kit de pegaorejas ?

    :qmeparto: También, también.



  • 11

    De lo mejor que he visto este año, junto a los gifs de vincent vega



  • 12

    no entiendo por qué dejan opinar a quien no compró el artículo....así les ha ido



  • 13

    @tomapiruleta dijo:

    Otro :facepalm:
    :qmeparto:
    La compré para un regalo de un familiar aficionado al bricolaje. Pensé que acertaría con el regalo, puesto que por la descripción parecía tener multitud de usos para el trabajo y la vida cotidiana.
    Cual es mi sorpresa cuando al día siguiente de haberla regalado aparece en mi felpudo, mojada por la lluvia. Pude seguir su rastro ya que gracias a las patas de perro en la ranura [1302] dejó huellas de toda su travesía. Efectivamente, había vuelto a mis brazos y no pude negarme a acogerla en mi seno familiar. Le agarré de la mano [210] y la acompañé a su nuevo cuarto.
    Todo perfecto con ella durante la primera semana: era muy obediente, no dejaba casi pelo (y el poco que dejaba, lo aspiraba [542]), preparaba unos batidos de frutas cojonudos [1102] y además sintonizaba todos los canales que le pedía [1224].
    Además... No quiero entrar en detalles íntimos, pero gracias a la ranura [469] mi vida sexual con mi mujer volvió de vuelta a los niveles de novios adolescentes. No voy a decir la función concreta para no estropearles la sorpresa a los más atrevidos ;)
    No obstante, nada dura para siempre...
    Todo empezó a torcerse a partir de la primera semana. Mis hijos suelen despertarse solos para ir al colegio (antes tenían una alarma, pero desde que está la navaja en casa ya no hace falta [371]), no obstante, ese día no se despertaron. Tras llamar varias veces a la puerta no obtuve respuesta alguna. Me extrañó, así que decidí entrar a despertarles pero, para mi sorpresa, mis hijos no estaban.
    El cuarto estaba totalmente ordenado: las camas hechas, la ropa de la colada del día anterior guardada en el armario, los zapatos en su sitio... Pero ni rastro de mis hijos. Ni de la navaja. Bajé extrañado a la cocina y allí estaba mi mujer.
    -No te preocupes, cariño. Los peques se han adelantado un poco esta mañana y se han ido ya a clase. ¡Hasta nos han preparado un batido! ¡Están irreconocibl- !
    No tuve tiempo de responderle: le cayó un objeto brillante de la boca. Ella lo cogió rápidamente en el aire y se lo volvió a meter en la boca.
    -Vaya, ¡tengo que ir al dentista!
    -Espera, ¿qué ha sido eso?
    -Nada, debe de haber sido algún diente flojo, ya sabes que tengo una endodoncia...
    Los dientes no brillan tanto como eso. Estaba totalmente seguro. Además, me seguía inquietando la desaparición de la navaja.
    Extrañado, cogí mis cosas y me dispuse a partir, como todas las mañanas, a mi trabajo. No obstante, cuando cerré la puerta de mi casa noté un sonido extraño: era como si algo metálico se estuviese arrastrando y encajando a través de la puerta. Estaba seguro que no era por la llave, ya que mi puerta necesita tres giros de llave para cerrarse.
    -Debo haber dormido poco...
    No le di más importancia.
    Craso error.
    Sin haber vuelto a pensar en ello, volví del trabajo. Suelo llegar tarde, a la hora de cenar, por lo que mi mujer e hijos suelen estar esperándome con la cena casi hecha.
    Allí estaban... Pero todo era muy extraño: Estaban sentados cada uno en su silla, totalmente quietos. A veces hablaban, pero sus movimientos eran... Mecánicos es la única palabra que se acerca a la sensación que me produjeron.
    -Cariño, ya está la cena.
    Casi como si me estuviesen leyendo el pensamiento, esas monótonas palabras me expulsaron de mi momentánea preocupación.
    -"Sí -pensé-, mejor cenar y acostarse".
    Me senté a cenar y mi familia seguía igual: No hablaban, sólo comían. Les miraba a los ojos y no encontraba en ellos ánimo o brillo alguno. Además, juraría que nadie hacía tanto ruido masticando en esta casa.
    Hasta que lo escuché. En el momento en el que mi hijo mayor se levantó para dejar los platos en la pila, algo metálico salió despedido de él y rebotó contra el suelo. Pude ver el mismo brillo que en el "diente" de mi mujer. Me levanté de un salto y me abalancé sobre el objeto. Pude cogerlo y sentir algo frío en mis manos, pero en ese mismo instante noté cómo unas manos se agarraban a mis pies: Mi hijo menor estaba tirando de mí mientras que mi mujer se aproximaba.
    Algo estaba sucediendo, definitivamente. Abrí rápidamente la mano y pude verlo: era una cabeza de destornillador. Una pequeña, como las que se encuentran en los destornilladores multiusos con imanes que se pueden desmontar.
    Se dieron cuenta de que lo había visto. En ese momento noté un enorme golpe en el suelo, seguido de un número incontable de sonidos metálicos. La cabeza de mi mujer empezó a girar en ángulos que ningún humano podría hacer sin que ello ocasionase la muerte. Cada vez que giraba una cantidad concreta de grados, podían escucharse sonidos metálicos, como piezas de metal encajadas que se frotaban unas contra otras.
    Mi hijo mayor soltó los platos y me miró fijamente. Pude ver con el rabillo del ojo cómo los fragmentos de plato se volvían pequeñas piezas de metal mientras que mi hijo, al cual no podía dejar de mirar a los ojos, dejaba caer multitud de piezas de metal de su boca. Una cascada de piezas que caían al suelo causando un chisporroteo metálico, como si de un diluvio férrico se tratase.
    Mi hijo menor, que por algún motivo había soltado mis pies, empezó a gritar llevándose las manos a la cabeza y mirando fijamente al techo. Entonces lo ví: El techo era de color rojo. No era sangre, sino que estaba pintado de color rojo. Mi techo nunca ha sido rojo.
    Cuando volví a bajar la vista, ni mi mujer ni mis hijos estaban ya conmigo: lo que antes era mi familia no eran más que infinidad de tornillos, tuercas y demás piezas de metal distribuidas de tal forma que formaban una figura humana. Los muebles de mi cocina no eran más que masas brillantes de metal, fundidas y pegadas unas a otras de tal modo que conseguían asemejarse a lo que una vez fueron.
    Sin pensarlo, salí corriendo de la que era mi cocina y subí corriendo las escaleras hasta mi cuarto. Mientras subía cada escalón podía escuchar como un tsunami metálico se abalanzaba sobre mí. Echando la vista atrás pude ver como mis muebles, mis cuadros, incluso las paredes de mi casa no eran más que metal. Piezas metálicas dispuestas a engullirme.
    Conseguí entrar en mi cuarto; en el momento en el que cerré la puerta, todo pareció cesar. Volví a abrir la puerta y todo parecía volver a la normalidad. Sin poder preverlo, vomité. Caí de rodillas y vomité todo lo que había comido ese día. Esto era demasiado extraño como para intentar comprenderlo. Entonces, como si de una bofetada se tratase, me vino a la mente: no había vuelto a ver a la navaja.
    Abrí la puerta y, pese a pisar temeroso el suelo del pasillo, me puse rumbo al cuarto de mis hijos. Mi casa había vuelto a la normalidad, pero las luces estaban apagadas y no parecía haber rastro de mi familia.
    Allí estaba, encima de la mesa donde hacen los deberes. Me extrañó ver que el conversor de materia [9999] era la única ranura visible.
    La cogí con la mano derecha, pero en ese momento me percaté de mi error: un dolor punzante me hizo gritar de dolor. Me miré la mano y pude ver cómo la tuerca que cogí en la cocina se había fusionado con mi carne. Podía ver cómo estaba hundida, formando parte de mi ser. ¿Cómo pudo ser? No sentí nada en la cocina.

    Te has dejado el final :roto2: http://www.amazon.es/gp/customer-reviews/ROMMQZX46ADLY/ref=cm_cr_pr_rvw_ttl?ie=UTF8&ASIN=B000R0JDSI

    El final es:

    La cogí con la mano derecha, pero en ese momento me percaté de mi error: un dolor punzante me hizo gritar de dolor. Me miré la mano y pude ver cómo la tuerca que cogí en la cocina se había fusionado con mi carne. Podía ver cómo estaba hundida, formando parte de mi ser. ¿Cómo pudo ser? No sentí nada en la cocina.

    Estos pensamientos se vieron interrumpidos por un temblor en mis pies: La ranura [9999] estaba brillando, emitiendo un temblor y un estruendo atrona-

    ...

    El̨̜̟̹͈̗ ̹me̜̣̥j̸or pro̦̣̺̮̞͘d̲̬͕͟u̲̼c̛to ͏̲͕͕q͏̱̦ue ̨̙̮͉̹͖ͅͅh̵̜e ̻͔̼̬̬̖̖c̫̙̭o̙͙̱̖̬͈mprạ̭̜̦d̜͘o̗̦ ̷e̡͎̞̰̼̼͖̙n m̨͓i̡ ̛vida. Podría decir que es parte de mi f̞̭͖a̗̠̹m̱͖̣͎̮i͚̻͖̻̗l̖̺̱͖̼̜͚͞i̸a̷. Mi vida no ha vuelto a ser la misma.

    Fdo.

    [1000͉̯̼0̸̨̤̪̣͉̘̫̦̻͡͞]̴̼̬̬̗̭̰̘͖̟͔̝̰͕̣͢



  • 14

    @tomapiruleta muchas cosas pero le falta el pipe bender :qmeparto:




Has perdido la conexión. Reconectando a Éxodo.